Julia de la Torre nació en 1986 en la ciudad de Buenos Aires, al sur del continente americano, y es artista de la danza. Es licenciada en composición coreográfica por la Universidad Nacional de las Artes (AR) y cursó el Máster en Práctica Escénica y Cultura Visual en el Museo Reina Sofía y en la Universidad Castilla-La Mancha (ES). Vive en Barcelona, pero se ha formado en Argentina, México, Cuba y España. Habita diferentes prácticas y lenguajes, en un intercambio constante entre la danza, la fotografía, la realización audiovisual, la performance y la escritura.
Actualmente coordina el taller de danza y memoria «Paraíso canción». Participa en diversas experiencias que interrogan las maneras de crear en colectivo: «Descompetir» y «(crear)Situaciones», en el Centro de Arte Santa Mónica (curaduría colectiva), el proyecto Z del Graner Fábrica de Creación, y el colectivo «Canasta básica», una iniciativa independiente de creación interdisciplinaria. Realiza colaboraciones artísticas con la bailarina Carmen Muñoz y con la compañía Due Teatre. Forma parte del equipo de curaduría y producción general de ENCUENTRO NUTRIENTES (Teatro Pradillo, 2023). Escribe para la revista digital 2(DA) Cuadernos de Danza.
PROYECTO: IMAGINO COSAS QUE SUENAN LEJOS
Esta es la historia de un solo que nunca pudo ser en soledad. Hace un tiempo que vengo trabajando en un proyecto escénico que pretende ser un solo, pero que no paró de encontrar oportunidades (o excusas, quizás) para superar la soledad.
Con esta historia quiero pensar en las metodologías de trabajo, de cómo compartirlas, convidarlas y aprender de las otras, porque es imposible trabajar sola. Me interesa cómo los procedimientos artísticos son siempre, pero siempre, fruto de las vidas que llevamos, de los vínculos que creamos para vivir y de las cosas que hacemos para sobrevivir.
En esta investigación me pregunto cómo los territorios nos configuran los cuerpos y cómo llevamos la memoria del territorio en el cuerpo. Es el resultado de una práctica que me acompaña desde siempre y es la relación que tengo con (mi)cuerpo, (mi)memoria y los paisajes que me rodearon.
El primer desafío de este proyecto fue aprender a trabajar sola, porque en la ciudad de la que vengo, todo lo hacíamos colectivamente. Después de un par de intentos y nuevas alianzas, me di cuenta de que este tema en particular me interesaba sólo a mí y que lo tenía que motorizar sola.
He tenido la suerte de viajar bastante, pero desde hace 5 años me instalé en esta ciudad portuaria, que está en punta sur de un continente del norte global, y con el tiempo me di cuenta de que era un lugar estratégico para intercambios de todo tipo. Entiendo a Barcelona como un sitio que históricamente fue un importante puerto de comercio para todo el Mediterráneo. Sumado a esto, esta ciudad se aloja en la península ibérica, que es esa plataforma que se asoma como vigía de Europa, mirando al mismo tiempo hacia África y América. Es una ruta de intercambio por naturaleza. Todo eso hace que estas geografías aún hoy conserven -a mi entender- ese espíritu portuario de lugar de paso, de intercambio, circunstancial. Es una ubicación privilegiada, si te gusta cruzarte con gente viajante (y otras especies).
En paralelo a esta investigación, empecé a notar un síntoma: en esta ciudad de paso recibo muchas visitas. Muchas de ellas pasan específicamente por mi casa y lo que en un primer lugar fue un refuerzo de cariño por parte de las personas viajantes, en la acumulación se convirtió en un peso (en otras palabras, una molestia). Entonces pensé que lo mejor era usar este síntoma a favor del proyecto y puse como condición que, si se quedaban en mi casa, tenían que venir a ensayar conmigo. Fue ahí donde empecé a aprender con y desde esos cuerpos que se paseaban por los ensayos, que tienen sus propias historias, ritmos y paisajes que las fueron configurando.
En esta instancia, el trabajo cuenta con la colaboración de Valeria Polorena